La cadena de frío es una cuestión crucial en el sector de los productos del mar, ya que garantiza la frescura, la calidad sanitaria y la seguridad alimentaria del pescado y el marisco que llega a los consumidores europeos.
Desde el momento en que se capturan en alta mar, es esencial un estricto control de la temperatura para preservar las cualidades organolépticas y nutritivas de los productos.

Para los envíos aéreos, se utilizan contenedores refrigerados especiales que mantienen una temperatura constante de entre 0 y 4 °C durante todo el trayecto.
Estos contenedores están equipados con sistemas de monitorización en tiempo real para garantizar un control preciso de la temperatura. Los aviones de carga dedicados a productos perecederos cuentan con infraestructuras de conservación avanzadas, que garantizan transferencias rápidas y seguras a las principales plataformas logísticas europeas.

El transporte marítimo es otra opción para distribuir productos del mar.
Los buques frigoríficos, conocidos como reefers, están diseñados específicamente para el transporte a temperatura controlada. Estos buques están equipados con sistemas de refrigeración de alto rendimiento para mantener unas condiciones óptimas de conservación, con zonas de almacenamiento compartimentadas y tecnologías precisas de control de la temperatura.
Este método es especialmente adecuado para grandes volúmenes destinados a los mercados europeos.
A su llegada a Europa, la trazabilidad total está garantizada por sistemas informáticos. Cada lote se somete a estrictos controles sanitarios, con registros detallados de las temperaturas durante el transporte.
A continuación, los almacenes frigoríficos regionales amplían esta cadena de frío, permitiendo una distribución rápida y segura a los distintos puntos de venta, restaurantes, pescaderías y supermercados de todaEuropa.