Preservar la calidad del marisco depende de un riguroso control de la temperatura, desde el momento de su captura hasta su distribución final en Europa. Se utilizan dos modos de transporte principales: aéreo y marítimo, cada uno equipado con tecnologías avanzadas de refrigeración que garantizan una temperatura constante de entre 0 y 4 °C.

Los contenedores aéreos refrigerados y los frigoríficos están equipados con sistemas de control en tiempo real que permiten un seguimiento preciso de las condiciones de almacenamiento. Se llevan a cabo estrictos controles sanitarios en cada etapa, con una trazabilidad completa garantizada por sistemas informáticos de alto rendimiento.

La normativa europea, en particular el Reglamento (CE) nº 853/2004, impone normas de higiene muy estrictas. Estas limitaciones reglamentarias tienen por objeto garantizar que el consumidor final reciba un producto de alta calidad, recién capturado y perfectamente conservado, desde los caladeros hasta los puntos de venta europeos.

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